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martes, 2 de septiembre de 2008
El día que el Jefe hizo marcha atrás!!!
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Anécdotas
Pequeños inconvenientes por mirar y no ver
Las primeras oficinas que utilizamos para organizar y largar Arroyo Corto estaban en cercanías del Cerro Pelado; arriba de una lomita a la cual se accedía de manera bastante incómoda, pues había un par de curvas medio cerradas y cuando se llegaba arriba uno se encontraba con bastante poco espacio para estacionar y maniobrar vehículos.
Al poco tiempo, el Jefe (Don Fco. Miroslav), hizo construir unas pocas cocheras techadas para unos 6 vehículos de la empresa. Por supuesto, cuando venían proveedores o visitas, subían la lomita y se encontraban sin mucho lugar. Así que solamente les quedaban dos salidas: o bajaban y subían "a pata" (lo cual era totalmente improbable) o "estacionaban mal" tapando la salida de algún vehículo de la obra.
Un día llegó "no se quién" en una camioneta. Llegó, estacionó "como el orto" (justo detrás del "falcon del jefe"), se bajó, se acomodó los lompa (léase pantalones), se peinó y entró a la oficina a hacer "no se qué carajo". La camioneta -obvio- quedó ahí, mal parada, a la espera de su conductor.
En ese preciso momento Don Estepa salía apurado hacia una reunión y seguramente no vio semejante "bicharraco" estacionado atrás de su falcon. No le decían "cabezón" por capricho o antojo, sino porque tenía una cabeza privilegiada, la cual muchas veces trabajaba "hacia adentro"; quizá por este motivo -seguramente- le costaba mirar "hacia afuera", donde a veces aparecía algún vehículo mal estacionado.
Lo que siguió, fue de una lógica aristotélica y consistió en una acción construida en siete pasos consecutivos y casi automáticos:
1. Se subió al auto.
2. Prendió su cigarro.
3. Se acomodó las gafas
4. Encendió la máquina.
5. Puso la marcha atrás.
6. Aceleró un poco y
7. CRASH, PUM, RRRRR, .... qué joda!!!
Y todo lo que se escuchó decir fue:
- Ehh.. la puta!! cheee ¿quién puso esa chata ahí? A ver Kreiker ¿porqué no se fijan, ¡qué carajo!?
Algunos llegaron prontos y dispuestos a ayudarlo:
- ¿Eh Ingeniero qué paso?
- Nada... que no se quién carajo estacionó mal acá. ¡¡No se fijan!
Y todo se fue diluyendo -entre cruces de pícaras miradas- mientras íbamos pensando que efectivamente el tema pasaba por el verbo fijar pero en primera personal de plural "No nos fijamos".
F. Bertona (Geotecnia, Arroyo Corto)
Las primeras oficinas que utilizamos para organizar y largar Arroyo Corto estaban en cercanías del Cerro Pelado; arriba de una lomita a la cual se accedía de manera bastante incómoda, pues había un par de curvas medio cerradas y cuando se llegaba arriba uno se encontraba con bastante poco espacio para estacionar y maniobrar vehículos.
Al poco tiempo, el Jefe (Don Fco. Miroslav), hizo construir unas pocas cocheras techadas para unos 6 vehículos de la empresa. Por supuesto, cuando venían proveedores o visitas, subían la lomita y se encontraban sin mucho lugar. Así que solamente les quedaban dos salidas: o bajaban y subían "a pata" (lo cual era totalmente improbable) o "estacionaban mal" tapando la salida de algún vehículo de la obra.
Un día llegó "no se quién" en una camioneta. Llegó, estacionó "como el orto" (justo detrás del "falcon del jefe"), se bajó, se acomodó los lompa (léase pantalones), se peinó y entró a la oficina a hacer "no se qué carajo". La camioneta -obvio- quedó ahí, mal parada, a la espera de su conductor.
En ese preciso momento Don Estepa salía apurado hacia una reunión y seguramente no vio semejante "bicharraco" estacionado atrás de su falcon. No le decían "cabezón" por capricho o antojo, sino porque tenía una cabeza privilegiada, la cual muchas veces trabajaba "hacia adentro"; quizá por este motivo -seguramente- le costaba mirar "hacia afuera", donde a veces aparecía algún vehículo mal estacionado.
Lo que siguió, fue de una lógica aristotélica y consistió en una acción construida en siete pasos consecutivos y casi automáticos:
1. Se subió al auto.
2. Prendió su cigarro.
3. Se acomodó las gafas
4. Encendió la máquina.
5. Puso la marcha atrás.
6. Aceleró un poco y
7. CRASH, PUM, RRRRR, .... qué joda!!!
Y todo lo que se escuchó decir fue:
- Ehh.. la puta!! cheee ¿quién puso esa chata ahí? A ver Kreiker ¿porqué no se fijan, ¡qué carajo!?
Algunos llegaron prontos y dispuestos a ayudarlo:
- ¿Eh Ingeniero qué paso?
- Nada... que no se quién carajo estacionó mal acá. ¡¡No se fijan!
Y todo se fue diluyendo -entre cruces de pícaras miradas- mientras íbamos pensando que efectivamente el tema pasaba por el verbo fijar pero en primera personal de plural "No nos fijamos".
F. Bertona (Geotecnia, Arroyo Corto)
sábado, 30 de agosto de 2008
Primera entrevista con Don Fco. Miroslav
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Anécdotas
De cómo llegué a Río Grande
Corría el año 1983 y me encontraba "disponible" luego de abandonar "por la fuerza" mi anterior trabajo (esa es otra anécdota de una época algo más oscura).
En AyEE estaba trabajando un amigo (el Ruly) y habíamos quedado en que me avisaría cuando llegara "el Jefe de Aº Corto", pues estaba por venir a seleccionar un geólogo para la obra, la cual todavía no había empezado.
Un día -creo que era agosto- recibo el aviso que "había llegado el hombre" (era miércoles) y al otro día por la mañana, bien temprano, partí hacia Río Grande. El peugeot se portó de lujo y me dejó frente a las oficinas de AyEE -luego de varias paradas para preguntar sobre el acceso a obra- donde nos reunimos a charlar con mi amigo que ya estaba trabajando en el complejo.
Luego de ponerme al tanto de la situación y de algunos aspectos del estilo de trabajo en la obra, nos dirigimos a las oficinas provisorias que IMPSA tenía cercano al Cerro Pelado. Luego de anunciarnos y esperar unos minutos, Kreiker nos hizo pasar y nos recibió Don Francisco Miroslav (una pausa merecida: ¿se acuerdan del capo de los pelpa de oficina? ¿del sopeti administrativo más famoso de los alrededores del Río Grande? ¿del precursor humano del actual Google, que encontraba en segundos cualquier pelotudez que se le ocurriera "al jefe"?. Saludos viejo Kreiker!!)
Unas vez solos -luego de leer rápidamente el currículum que le había entregado y poniendo cara de ¡qué cagada con este vago!- me pregunta:
- Vd. ya ha trabajado en alguna obra hidroeléctrica?
- No Ingeniero, he trabajado en geotecnia pero relacionado con obras aeronáuticas.
- Puuuta che!!! yo siempre tengo que enseñarle a los geólogos cómo es su trabajo! ¡nunca saben un carajo!(yo, mutis! .....silencio aspero.....)
- ¿Y cuál es su disponibilidad para empezar a trabajar?
- Cuando quiera Ingeniero, mañana mismo! (algo más envalentonado!)
- Bueno, che. A ver ¿y cuánto quiere ganar?
...tragando saliva y sobreponiendome al cagazo e incertidumbre...
- $5000 (no me acuerdo qué pesos eran pero era guita pues tenía información que un sueldo promedio eran $3.500 o $4.000)
- A ver... ¡Kreiker!
Se escucharon los pasos del secre en el pasillo (no se si estaba tras de la puerta escuchando) y aparece en el marco, con su particular aspecto de "chico curioso y sabelotodo", y le dice:
- ¿Sí Ingeniero?
- A ver, hágale los papeles al geólogo que mañana empieza a tabajar con nosotros. Explíquele cómo son los trámites legales y que mañana temprano me venga a ver, ¿entedió?
- Sí Ingeniero
Y anotando en un papelito cuadrado que tenía en su escritorio (que con el tiempo pasarían a ser sus "memos internos de trabajo"), anota $5000 y le dice:
- El geólogo va a ganar esta cantidad!
- Sí Ingeniero
Lo que vino después fue más tranquilo, me despedí del Ingeniero agradeciendo su confianza, lo seguí al Kreiker a su escritorio (lleno de papeles y anotaciones), él me entregó "no se cuáles papeles" y me despedí hasta el día siguiente... día viernes, que llegué "en punto" a la obra con mi auto cargado de "boludeces por las dudas" (cámara de fotos, ropa, papeles, libros, fotos aéreas, martillo, brújula, sobrero, etc.)
Misión cumplida: ya estaba trabajando en Río Grande!!!
F. Bertona (Geotecnia, Arroyo Corto)
Corría el año 1983 y me encontraba "disponible" luego de abandonar "por la fuerza" mi anterior trabajo (esa es otra anécdota de una época algo más oscura).
En AyEE estaba trabajando un amigo (el Ruly) y habíamos quedado en que me avisaría cuando llegara "el Jefe de Aº Corto", pues estaba por venir a seleccionar un geólogo para la obra, la cual todavía no había empezado.
Un día -creo que era agosto- recibo el aviso que "había llegado el hombre" (era miércoles) y al otro día por la mañana, bien temprano, partí hacia Río Grande. El peugeot se portó de lujo y me dejó frente a las oficinas de AyEE -luego de varias paradas para preguntar sobre el acceso a obra- donde nos reunimos a charlar con mi amigo que ya estaba trabajando en el complejo.
Luego de ponerme al tanto de la situación y de algunos aspectos del estilo de trabajo en la obra, nos dirigimos a las oficinas provisorias que IMPSA tenía cercano al Cerro Pelado. Luego de anunciarnos y esperar unos minutos, Kreiker nos hizo pasar y nos recibió Don Francisco Miroslav (una pausa merecida: ¿se acuerdan del capo de los pelpa de oficina? ¿del sopeti administrativo más famoso de los alrededores del Río Grande? ¿del precursor humano del actual Google, que encontraba en segundos cualquier pelotudez que se le ocurriera "al jefe"?. Saludos viejo Kreiker!!)
Unas vez solos -luego de leer rápidamente el currículum que le había entregado y poniendo cara de ¡qué cagada con este vago!- me pregunta:
- Vd. ya ha trabajado en alguna obra hidroeléctrica?
- No Ingeniero, he trabajado en geotecnia pero relacionado con obras aeronáuticas.
- Puuuta che!!! yo siempre tengo que enseñarle a los geólogos cómo es su trabajo! ¡nunca saben un carajo!(yo, mutis! .....silencio aspero.....)
- ¿Y cuál es su disponibilidad para empezar a trabajar?
- Cuando quiera Ingeniero, mañana mismo! (algo más envalentonado!)
- Bueno, che. A ver ¿y cuánto quiere ganar?
...tragando saliva y sobreponiendome al cagazo e incertidumbre...
- $5000 (no me acuerdo qué pesos eran pero era guita pues tenía información que un sueldo promedio eran $3.500 o $4.000)
- A ver... ¡Kreiker!
Se escucharon los pasos del secre en el pasillo (no se si estaba tras de la puerta escuchando) y aparece en el marco, con su particular aspecto de "chico curioso y sabelotodo", y le dice:
- ¿Sí Ingeniero?
- A ver, hágale los papeles al geólogo que mañana empieza a tabajar con nosotros. Explíquele cómo son los trámites legales y que mañana temprano me venga a ver, ¿entedió?
- Sí Ingeniero
Y anotando en un papelito cuadrado que tenía en su escritorio (que con el tiempo pasarían a ser sus "memos internos de trabajo"), anota $5000 y le dice:
- El geólogo va a ganar esta cantidad!
- Sí Ingeniero
Lo que vino después fue más tranquilo, me despedí del Ingeniero agradeciendo su confianza, lo seguí al Kreiker a su escritorio (lleno de papeles y anotaciones), él me entregó "no se cuáles papeles" y me despedí hasta el día siguiente... día viernes, que llegué "en punto" a la obra con mi auto cargado de "boludeces por las dudas" (cámara de fotos, ropa, papeles, libros, fotos aéreas, martillo, brújula, sobrero, etc.)
Misión cumplida: ya estaba trabajando en Río Grande!!!
F. Bertona (Geotecnia, Arroyo Corto)
viernes, 29 de agosto de 2008
Algunos Recuerdos sobre Francisco Miroslav
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Anécdotas
Sobre nuestro Jefe de Obra (Don Francisco Miroslav Stepanik)
Recordemos que los primeros días, vos (Fernando) y yo nos veníamos con él en el Falcon, a eso de las 10 de la noche muchas veces cuando nos traía hasta Santa Rosa, y ninguno de los dos aguantaba la risa porque entre el Cohiba que se iba fumando (en varias oportunidades con las ventanillas cerradas) y las cuentas que iba haciendo solo -como si no existiéramos, atento a que nosotros dos íbamos en calidad de "paquetes")- era toda una epopeya temeraria ese ríspido viaje; noche tras noche.
Mientras tanto ya nos habían carneado a picotazos esos insectos con dos espinas en la popa que se metían en la alfombra de mierda de las oficinas del feudo del Eduardo Mignaco (que además nos aguantaba bastante poco a los de Aº Corto). Y este "viejo ensimismado" que -cuando íbamos volviendo agarraba las curvas por encima de los yuyos y nosotros no podíamos proferir palabra porque suponíamos que -cuanto menos - nos iba a dejar a pata en el medio del perilago.
Me acuerdo que la rutina era entrar en la Planta Clasificadora de áridos y recagarlo a puteadas al negro Abán. Ya desde ahí hasta Santa Rosa iba con los nervios calmos. Cuando salíamos a la ruta ni Kankunen la abordaba así. Creo que yo oraba para que no coincidiéramos con alguna otra víctima de este Fangio que viniese por la ruta. Al menos yo llegaba listo para un LEXOTANIL 50 con este cascarrabias mitológico ("sabe Trías?..¡¡la gente también come..!!") cosa que a nosotros nos resulta obvia pero quizás en su mente reconcentrada algo le decía que había hecho un descubrimiento darwiniano. ¡Fíjense Uds! la gente no se puede sustraer a la mala costumbre de comer!.
En fin, por último, venían las "felicitaciones" en la parrillada donde cenábamos, ¿cenábamos? era casi el último tormento psicológico del giorno, tal vez con el fin siniestro de templar el espíritu prusiano que veía en nosotros (¿..?), todavía lo escucho: "eh!! Dimitroff come mucho usted, viejo?¡..." y Dimitroff esa noche no la digería ni con una tonelada de UVASAL, la barba se le erizaba al búlgaro!!. Sin embargo no era Dimitroff el que se pedía la entrada de riñoncitos al vino blanco.
A pesar de estas cosas (en tren de recuerdos), le guardo un especial respeto y afecto. Admito públicamente que fué algo así como un maestro el Francisco Miroslav.
Aldo Rusca (Ingeniería, Arroyo Corto)
Recordemos que los primeros días, vos (Fernando) y yo nos veníamos con él en el Falcon, a eso de las 10 de la noche muchas veces cuando nos traía hasta Santa Rosa, y ninguno de los dos aguantaba la risa porque entre el Cohiba que se iba fumando (en varias oportunidades con las ventanillas cerradas) y las cuentas que iba haciendo solo -como si no existiéramos, atento a que nosotros dos íbamos en calidad de "paquetes")- era toda una epopeya temeraria ese ríspido viaje; noche tras noche.
Mientras tanto ya nos habían carneado a picotazos esos insectos con dos espinas en la popa que se metían en la alfombra de mierda de las oficinas del feudo del Eduardo Mignaco (que además nos aguantaba bastante poco a los de Aº Corto). Y este "viejo ensimismado" que -cuando íbamos volviendo agarraba las curvas por encima de los yuyos y nosotros no podíamos proferir palabra porque suponíamos que -cuanto menos - nos iba a dejar a pata en el medio del perilago.
Me acuerdo que la rutina era entrar en la Planta Clasificadora de áridos y recagarlo a puteadas al negro Abán. Ya desde ahí hasta Santa Rosa iba con los nervios calmos. Cuando salíamos a la ruta ni Kankunen la abordaba así. Creo que yo oraba para que no coincidiéramos con alguna otra víctima de este Fangio que viniese por la ruta. Al menos yo llegaba listo para un LEXOTANIL 50 con este cascarrabias mitológico ("sabe Trías?..¡¡la gente también come..!!") cosa que a nosotros nos resulta obvia pero quizás en su mente reconcentrada algo le decía que había hecho un descubrimiento darwiniano. ¡Fíjense Uds! la gente no se puede sustraer a la mala costumbre de comer!.
En fin, por último, venían las "felicitaciones" en la parrillada donde cenábamos, ¿cenábamos? era casi el último tormento psicológico del giorno, tal vez con el fin siniestro de templar el espíritu prusiano que veía en nosotros (¿..?), todavía lo escucho: "eh!! Dimitroff come mucho usted, viejo?¡..." y Dimitroff esa noche no la digería ni con una tonelada de UVASAL, la barba se le erizaba al búlgaro!!. Sin embargo no era Dimitroff el que se pedía la entrada de riñoncitos al vino blanco.
A pesar de estas cosas (en tren de recuerdos), le guardo un especial respeto y afecto. Admito públicamente que fué algo así como un maestro el Francisco Miroslav.
Aldo Rusca (Ingeniería, Arroyo Corto)
miércoles, 27 de agosto de 2008
El día que desviamos el río en Arroyo Corto
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Anécdotas
De ese día guardo recuerdos vagos y otros marcados a fuego
Los recuerdos vagos se relacionan con:
1. "Personas y nombres" de los que concurrieron al evento pues, ése fue un día muy especial para los que participamos de esa acción y, como correspondía, hubo tanta gente como adrenalina.
2. También se relaciona con el estado del tiempo de ese día (no recuerdo si hacía calor, frío, si estaba ventoso, húmedo o seco).
3. Por último, tampoco me acuerdo muy bien el horario, aunque creo recordar que fue cercano al mediodía.
De los recuerdos vivos puedo anotar:
1. Ese día amanecimos antes de tiempo, pues "todo debía estar en perfecto estado".
2. La cocina fue el primer lugar de reunión, entre criollos y mate cocido.
3. Las topadoras, maquinistas y capataces estaban desde temprano trabajando en mover material de un lado para el otro y preparar todo para "dar los últimos toques" delante de las autoridades, los invitados (y nosotros, por supuesto).
4. Toda la ceremonia consistió en ver cómo las topadoras corrían unos montículos de materiales desde su lugar de acopio previo hasta el cauce del río para ir estrangulando de a poco su caudal natural.
5. Aplausos y vivas cuando el río inició su circulación por el canal de aducción, siguió por la conducción y se reencontró a si mismo en su cauce natural aguas abajo de la presa.
6. Una vez completada la ceremonia, los capos se fueron de "gran joda gastronómica" y nosotros nos quedamos comiendo livianito en el obrador.
7. Un hecho gracioso fue cuando il capo (E. Pescarmona, que había llegado un rato antes) en plena caminata hacia el desvío, se paró en medio del camino, se bajó el cierre, peló su vaina y se echó una "flor de meada" antes los ojos sorprendidos de nosotros (y otros transeúntes eventuales). Luego, como si nada, se sacudió, se cerró el cierre y siguió caminando hacia el "palco natural" que era el techo del talud derecho de la conducción del desvío (ver foto).
Fernando Bertona (Geotecnia, Arroyo Corto)

Los recuerdos vagos se relacionan con:
1. "Personas y nombres" de los que concurrieron al evento pues, ése fue un día muy especial para los que participamos de esa acción y, como correspondía, hubo tanta gente como adrenalina.
2. También se relaciona con el estado del tiempo de ese día (no recuerdo si hacía calor, frío, si estaba ventoso, húmedo o seco).
3. Por último, tampoco me acuerdo muy bien el horario, aunque creo recordar que fue cercano al mediodía.
De los recuerdos vivos puedo anotar:
1. Ese día amanecimos antes de tiempo, pues "todo debía estar en perfecto estado".
2. La cocina fue el primer lugar de reunión, entre criollos y mate cocido.
3. Las topadoras, maquinistas y capataces estaban desde temprano trabajando en mover material de un lado para el otro y preparar todo para "dar los últimos toques" delante de las autoridades, los invitados (y nosotros, por supuesto).
4. Toda la ceremonia consistió en ver cómo las topadoras corrían unos montículos de materiales desde su lugar de acopio previo hasta el cauce del río para ir estrangulando de a poco su caudal natural.
5. Aplausos y vivas cuando el río inició su circulación por el canal de aducción, siguió por la conducción y se reencontró a si mismo en su cauce natural aguas abajo de la presa.
6. Una vez completada la ceremonia, los capos se fueron de "gran joda gastronómica" y nosotros nos quedamos comiendo livianito en el obrador.
7. Un hecho gracioso fue cuando il capo (E. Pescarmona, que había llegado un rato antes) en plena caminata hacia el desvío, se paró en medio del camino, se bajó el cierre, peló su vaina y se echó una "flor de meada" antes los ojos sorprendidos de nosotros (y otros transeúntes eventuales). Luego, como si nada, se sacudió, se cerró el cierre y siguió caminando hacia el "palco natural" que era el techo del talud derecho de la conducción del desvío (ver foto).
Fernando Bertona (Geotecnia, Arroyo Corto)
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