viernes, 29 de agosto de 2008

Algunos Recuerdos sobre Francisco Miroslav

Sobre nuestro Jefe de Obra (Don Francisco Miroslav Stepanik)

R
ecordemos que los primeros días, vos (Fernando) y yo
nos veníamos con él en el Falcon, a eso de las 10 de la noche muchas veces cuando nos traía hasta Santa Rosa, y ninguno de los dos aguantaba la risa porque entre el Cohiba que se iba fumando (en varias oportunidades con las ventanillas cerradas) y las cuentas que iba haciendo solo -como si no existiéramos, atento a que nosotros dos íbamos en calidad de "paquetes")- era toda una epopeya temeraria ese ríspido viaje; noche tras noche.

Mientras tanto ya nos habían carneado a picotazos esos insectos con dos espinas en la popa que se metían en la alfombra de mierda de las oficinas del feudo del Eduardo Mignaco (que además nos aguantaba bastante poco a los de Aº Corto). Y este "viejo ensimismado" que -cuando íbamos volviendo agarraba las curvas por encima de los yuyos y nosotros no podíamos proferir palabra porque suponíamos que -cuanto menos - nos iba a dejar a pata en el medio del perilago.

Me acuerdo que la rutina era entrar en la Planta Clasificadora de áridos y recagarlo a puteadas al negro Abán. Ya desde ahí hasta Santa Rosa iba con los nervios calmos. Cuando salíamos a la ruta ni Kankunen la abordaba así. Creo que yo oraba para que no coincidiéramos con alguna otra víctima de este Fangio que viniese por la ruta. Al menos yo llegaba listo para un LEXOTANIL 50 con este cascarrabias mitológico ("sabe Trías?..¡¡la gente también come..!!") cosa que a nosotros nos resulta obvia pero quizás en su mente reconcentrada algo le decía que había hecho un descubrimiento darwiniano. ¡Fíjense Uds! la gente no se puede sustraer a la mala costumbre de comer!.

En fin, por último, venían las "felicitaciones" en la parrillada donde cenábamos, ¿cenábamos? era casi el último tormento psicológico del giorno, tal vez con el fin siniestro de templar el espíritu prusiano que veía en nosotros (¿..?), todavía lo escucho: "eh!! Dimitroff come mucho usted, viejo?¡..." y Dimitroff esa noche no la digería ni con una tonelada de UVASAL, la barba se le erizaba al búlgaro!!. Sin embargo no era Dimitroff el que se pedía la entrada de riñoncitos al vino blanco.

A pesar de estas cosas (en tren de recuerdos), le guardo un especial respeto y afecto. Admito públicamente que fué algo así como un maestro el Francisco Miroslav.

Aldo Rusca (Ingeniería, Arroyo Corto)

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